Nota Pastoral

HIJOS DE PAZ (I Parte)

 

“Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros”.

ESPÍRITU DE PAZ

1.1 1 La designación “hijos de paz” aparece en medio de las instrucciones que Jesús le da a los setenta discípulos que envió de dos en dos delante de él a lugares determinados, como avanzada de su visitación posterior. El saludo inicial de cada pareja a sus interlocutores fue: “paz a vosotros”. La paz reposaba sobre quienes recibían con aceptación a los mensajeros del Señor. A los anfitriones amigables Jesús les llamó “hijos de paz”.

1.2 2 Observemos con detenimiento los siguientes versículos, con el ánimo de encontrar un elemento común a todos.

“Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”. (Efesios 2:3)

“Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia”. (Efesios 5:6)

“A Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno”. (Marcos 3:17)¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. (Mateo 23:15)

“Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese”. (Juan 17:12)

 

1.3 3 Es fácil advertir que el elemento común en todos los textos citados radica en que en cada uno de ellos se lee “hijos de”.

La Biblia llama hijos a las personas dominadas por una clase especial de espíritu. Éramos hijos de ira cuando no habíamos rendido nuestra vida a Jesús y vivíamos bajo los deseos de la carne. (Efesios 2:3)

Éramos hijos de desobediencia, por cuanto nos dominaba un espíritu de rechazo a la voluntad de Dios. Pablo dice que en el mundo opera el espíritu de desobediencia. Ello explica la rebeldía contra los padres y la desobediencia generalizada a las normas, ya sean civiles, sociales o de convivencia. El espíritu que opera en los hijos de desobediencia los induce a desobedecer toda autoridad y ley, y se manifiesta en desacato al profesor, a las normas de tránsito, a las leyes fiscales, a los compromisos laborales, etc. ¡A veces la gente no obedece ni al líder de su red! (Efesios 2:2 y 5:6)

Judas era dominado por un espíritu de perdición. El “hijo de perdición” nunca permitió que lo dominara el Espíritu Santo. Judas anduvo con Jesús, escuchó sus enseñanzas, presenció sus milagros, participó de algunos de ellos, como la alimentación de los cinco mil, pero vivió bajo el espíritu de perdición, el cual, finalmente, lo convirtió en hijo de perdición. (Juan 17:12)

Los fariseos recorrían mar y tierra para buscar a un prosélito, y una vez convertido a su religión, lo hacían dos veces hijos del infierno. Es hijo del infierno quien no ha experimentado la salvación, misma que sólo puede conocerse por medio de Jesucristo.

Podríamos hablar de otros espíritus mencionados en la Biblia, tales como el espíritu de celo, espíritu de vértigo, espíritu de error, espíritu de cobardía y espíritu de mentira, pero estimo que los textos citados ilustran con claridad meridiana la relación entre el espíritu dominante y el hijo.

 

HIJOS DE PAZ (II Parte)

A Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo, por su carácter impetuoso y decidido Jesús los llamó Boanerges, esto es hijos del trueno. Juan y Jacobo son dos ejemplos impactantes de cómo se transforma la personalidad cuando le permitimos al Espíritu Santo que nos domine. Basta con pensar que Juan, a quien inicialmente se le llamó “hijo del trueno”, es conocido como el “apóstol del amor”.

1.4 4 Así como la Biblia menciona a los hijos de ira, hijos de desobediencia, hijos del trueno e hijos de perdición, Jesús nos llama hijos de paz. El Espíritu Santo es Espíritu de paz. Después de su resurrección Jesús se apareció a sus discípulos y les dijo: “Paz a vosotros” (Lucas 24:36)

Leamos a Juan (Juan 20:21-22) “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”. La paz de Jesús va ligada indisolublemente al Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo domina nuestra personalidad nos convertimos en hijos de paz.

PAZ CONTEXTUALIZADA

2.1 5 El “hijo de paz” del que habla Jesús en Lucas 10:6 es un “arameismo” que encierra un significado amplio y variado. Recordemos que Jesús se comunicaba en Arameo, por tanto, es conveniente escudriñar el significado de las palabras y las expresiones en dicho idioma. “Hijos de paz” se refiere a:

- Una Persona Pacífica.

2.2 6 La primera acepción de hijo de paz implica una persona llena de paz interior. La paz exterior es verdadera sólo si proviene de un corazón que disfruta de la paz de Jesús. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. (Juan 14:27)

Esta paz es la que da seguridad en medio de la tormenta; que elimina el insomnio, aún en medio de la prueba, y que derrota toda angustia y ansiedad. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:6-7)

- Una persona equilibrada.

2.3 7 El hijo de paz tiene balance, maneja una concepción centrada de la vida y conduce sus asuntos con equilibrio mental, emocional y social. El hijo de paz ha vencido el prejuicio, la inseguridad y la autoinsatisfacción. El hijo de paz ha roto con todo complejo.

-Una persona de Buena Reputación.

2.4 8 Por ser el hijo de paz una persona estable, ante los demás se hace una persona confiable. Este atributo genera la certeza de que el hijo de paz no hace juicios valorativos de lo que el prójimo le confíe, ni tampoco defraudará la confianza empeñada. Se percibe al hijo de paz como una persona que domina sus emociones, lo que no quiere decir que no las sienta. El hijo de paz desarrolla un carácter y manifiesta el fruto del Espíritu Santo. Ante el público el hijo de paz tiene buen testimonio.

DIOS DE PAZ

3.1 9 La paz es un atributo divino. Las Escrituras afirman repetidamente que Dios es un Dios de paz. (Romanos 15:33, 16:20; IIª Corintios 13:11; Iª Tesalonicenses 5:23; Hebreo 13:20) Igualmente, las Escrituras proclaman que Jesús es el autor de la paz. “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación”. (Efesios 2:14) “Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”. (Colosenses 1:20)

Jesús es el “Príncipe de paz”. (Isaías 9:6) “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. Los hermanos del Nuevo Testamento se saludaban con la paz de Cristo y se bendecían mutuamente con la paz del Señor. “Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros”. (IIª Tesalonicenses 3:16)

Es lógico, pues, que a los hijos del Dios de Paz y del Príncipe de paz se les llame hijos de paz.

3.2 10 Definitivamente, la paz es una de las virtudes y condiciones más buscadas por el hombre. El hijo de paz tiene paz. Primeramente, con Dios; luego, consigo mismo; y después, con su prójimo. Es mucho lo que nos depara este interesante título. Es mi oración que: “El mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. (Iª Tesalonicenses 5:23)

Acepta lo que Dios dice de ti:

- Eres hijo de paz.

-Afirma y declara que eres una persona pacífica, equilibrada y de buena reputación, por que la paz de Dios te llena.

-Ora que el Príncipe de Paz domine tu personalidad y que el Dios de paz se manifieste en ti. Amén